jueves, 27 de septiembre de 2012

Cookadas de Nottingham

 "La vida es aquello que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes."
De momento, seguimos en periodo de adaptación, con lo cual nuestra vida aquí  se reduce a descansar, preparar gestiones, aprender a cocinar bien e ir de comprar en busca de cosas que necesitamos. Apenas conocemos la ciudad, sólo el centro, algunas zonas aisladas de barrios periféricos, un cementerio típico inglés y un parque gigante y muy verde preparado para hacer deporte. 

Nottingham es enorme, a pesar de tener poco más de 300.000 habitantes, porque la mayoría de edificios no superan los 2 ó 3 pisos, lo que hace que tenga más encanto, para mi gusto. No os esperéis una ciudad de cuento, pero, a pesar de ser un tanto gris y tener como banda sonora principal el graznar de los cuervos, es cuca.

Una de las cosas que más me gustan de Nottingham es la cantidad de pequeño comercio variado que tiene: restaurantes de todas las cocinas del mundo ( mexicana, española, francesa, turca, china, italiana, hindú, jamaicana,...),  tiendas especializadas en alfombras, boutique dedicada por completo a preciosos vestidos retro de los años 60 hechos in situ, tienda enorme de revistas y libros, cafetería experta en batidos con más de 180 sabores diferentes, etc. Y en esta última se ha tomado Rober un delicioso batido helado de tarta de queso con cereza y yo una típica cookie inglesa casera espectacular. Mmmmm...


Y con esto y la cookie, hasta mañana las... o cuando me de un cuqui.

lunes, 24 de septiembre de 2012

¡ Un sitio donde dormir, por favor! II



"La vida no consiste en esperar a que pase la tormenta, sino en aprender a bailar bajo la lluvia."

Segunda parte: En nuestro futuro hogar

Si encontrar un ho(s)tel en Notts es difícil, conseguir un hogar que reúna todos los requisitos es lo siguiente.
Durante cinco días encerrados en la habitación buscando y buscando, no logramos concertar ni una sola cita para visitar casas, tan sólo fuimos víctimas de un intento de timo de una adorable señora que quería que hiciésemos una transferencia bancaria a un banco  Western Union para comprobar que teníamos dinero y dignarse a enseñarnos la casa [por  lo visto es un timo muy típico por estos lares]. Nuestro única tabla de salvación para no hundirnos es que yo tenía un contacto del dueño de una casa compartida que, milagrosamente, aún estaba disponible. ¡Siempre nos quedaría Jason! La sorpresa vino cuando el jueves por la noche un tal John, que supuestamente trabajaba para Jason, contactó conmigo para decirme que él sería quien me enseñase la casa. Nos pareció tan raro que buscamos por internet y resultó que ambos eran dos famosos ex convictos. Cuando ya el vaso de la desesperación estaba a punto de colmar, de repente, se hizo la luz y el viernes conseguimos tres visitas para el sábado. 

Primera visita. Casa pequeña y de aspecto exterior destartalado para nosotros solos en un barrio con fama de chungo. 10 de la mañana y no aparece el agente inmobiliario que gestiona el alquiler. 10:10, resignados a nuestra mala suerte, llama el tipo y me pregunta por la dirección de la casa (?). 20 minutos más tarde aparece en un coche con la música a todo volumen y en chándal. La casa vieja, poco amueblada, cutre, rara y tenemos que contratar todo el tema luz, gas, internet sin que nos dé detalles de cómo va (por lo visto, a través de una especie de tarjetas prepago). No sé a vosotros, pero a nosotros nos olió a chamusquina.

Segunda visita. Piso muy bien cuidado, de diseño, en una zona cool, muy cerca del centro y a compartir únicamente con el dueño. Llegamos puntuales y no podemos acceder al portal, porque está en una pequeña urbanización  cuya puerta se encuentra cerrada. Llamo al chico y no me entero de qué pretende que hagamos, así que cuelga con un “Aggh” [Recordemos que los ingleses son los expertos mundiales en protocolo y caballerosidad, así que fijaos lo harto que estaba para colgarme de esa manera]. Le escribo un educado mensaje diciendo que no me  he enterado de nada por teléfono y que la puerta de la urbanización está cerrada. Nos llama, se pone Rober y conseguimos que salga a abrirnos.  Nos enseña nuestra habitación fashion y nos deja solos allí, mientras se queda en el salón escuchando música. Nos reunimos con él con timidez, nos sirve vino para brindar, cuajamos a pesar de nuestras conversaciones besuguiles al máximo, y  acabamos brindando varias veces más, bailando mis canciones de la felicidad preferidas y comiendo pizza en su casa. Y tres horas son suficientes para determinar que Jamie está loco y es un personaje de cuidado: peticiones varias de  abrazos, muestra de fotos de sus novios, “¡Qué guapa eres!”, “No voy a comer, porque esta noche tengo una fiesta”, etc. Nos vamos corriendo a la siguiente visita con la emoción de que nos diga que estamos en el primer puesto para optar a la habitación. 

Tercera visita. Llegamos media hora tarde, porque la casa está alejada del centro, y aún así la dueña nos recibe sonriente y amable. Nos enseña minuciosamente la casa, a compartir con una chica nativa que lleva allí viviendo 3 años y una chica escocesa que se muda a finales de octubre. Todo correcto y la casera encantadora.

¿Qué hacemos? ¡¿Qué hacemos?! En los 3 sitios nos aceptan y es todo un logro. Decidimos llamar a Jamie para que nos confirme que nos elige a nosotros. Y su respuesta es: “Sois mis preferidos, estás muy loca y me encantas; pero no habéis tenido tiempo para pensar bien vuestra decisión y yo quiero que estéis seguros para que podáis ser felices aquí. Así que mañana me llamáis después de pensarlo bien y me contáis que decidís.” Nuestra conclusión es que, aparte de loco, realmente no está seguro y quiere ser caballeroso, así que apalabramos la otra casa guiándonos por nuestro instinto y las señales:
  1. el día 22, en mi cumpleaños, nos ofrecen una casa victoriana
  2. la casa es el  número 22
  3. la dueña se llama Sarah
  4. Rober, de casualidad, deja de propina 22 céntimos al chino que nos sirve la cena esa noche.
SE-REN-DI-PI-TY. 

Hoy hemos firmado el precontrato y pagado parte del depósito, mientras Sarah nos solucionaba paciente y amablemente nuestras dudas durante una hora y media, a pesar de cargarme un cajón de la casa delante suya y otras pequeñas saratustradas más. Mientras lo hacíamos, Jamie nos ha escrito un mail diciendo que estaba esperando nuestra decisión desde ayer y que le encantaría que viviésemos con él. C´est la vie.

domingo, 23 de septiembre de 2012

¡Un sitio donde dormir, por favor!



Para cualquier persona normal entraña cierta dificultad encontrar un sitio donde dormir en Nottingham bueno, bonito y por el que no tengas que vender un riñón. Si soy yo la que busco, el asunto se vuelve una odisea en toda regla que perfectamente podría servir como argumento de una comedia hollywoodiense.

Primera parte: En una habitación de hotel
Si eres una persona normal, un mes o dos antes de la fecha de partida haces una búsqueda intensa del mejor alojamiento para los primeros días y lo reservas. Si eres una saratustra de la vida, buscas a trompicones meses antes y cuando te quedan dos semanas  y te resignas y aceptas que tu destino es vivir las dos primeras semanas en un hostel, es cuando te pones intensa. Entonces, descubres que los ho(s)teles con mejor  relación calidad precio están  lo siguiente  a completos; encuentras uno que es decente y carillo; dedicas tres días a solucionar problemas con la reserva; pierdes 30 euros en comisiones de tu banco por hacer una transferencia; y aceptas que durante 2 días  tu idónea habitación privada está pillada y  te vas a tener que trasladar con toooodas tus cosas a una habitación compartida del otro edificio, arriesgándote a perder la batería de tu portátil por el camino, por ejemplo.
Y si a eso añades que, además de una saratustra de la vida, eres una cegata y hay una habitación compartida idéntica a la tuya en la misma planta, puedes acabar en una cama que no es la tuya. Os pongo en situacion. Las  12 de la noche, todo el mundo durmiendo, yo con un diálogo eterno con el Señor Roca y Rober esperando aburrido. Una  vez lista para dormir y sin mis ojos postizos [también llamados lentillas], me dispongo a irme a la cama y veo que Rober no está para hacerme de guía y sereno. Preocupada porque voy a despertar a todo el mundo por tener que llamar a la puerta para que Rober me abra desde dentro, descubro que ha caído en dejármela entreabierta y hasta me ha dejado mi cama hecha. Pero…¿dónde está Rober? La cama de arriba está vacía,  así que le escribo preocupada un mensaje y, al no obtener respuesta, a los pocos minutos le llamo por teléfono entre susurros:
Rober: ¡¡¡¡¿Cari, dónde estás?!!!!
Yo: En la cama ¿Y tú?
Rober: Cari, esa no es tu cama ¡ Sal de ahí ya!
Y recojo mis cosas deprisa con un ataque de risa silenciado, mientras Rober, que se ha montado una paranoia enorme sobre mi ausencia inexplicable, me espera con cara larga y  mirada control+alt+6 [ ¬¬]. Después de flipar con mi momentáneo retraso mental, me pregunta: “¿Pero había alguien más en la cama?” Ojiplatismo por mi parte y nuevo ataque de risa. No me preguntéis el porqué de su inteligente pregunta, debe ser que todo lo malo se pega.
Continuará… 
( Hoy no, mañana.)